EDM 21 - Octubre 98

Trabajo productivo,
trabajo improductivo y
descomposición capitalista
Pablo Rieznik

 

La diferenciación entre trabajo productivo y trabajo improductivo en la sociedad contemporánea ha sido objeto de múltiples controversias en la literatura marxista. Es uno de los temas más polémicos, de recurrente aparición en el debate político y académico, en función de sus más diversas implicancias: su relación con la dinámica de la acumulación capitalista, el vínculo que supone con la conformación de las clases sociales en la sociedad burguesa, la determinación que impone a la hora de estimar la plusvalía obtenida por el capital y su tasa de ganancia, la posibilidad de asociar la cuestión a la periodización o a las etapas históricas de evolución del modo de producción capitalista. Recientemente, la revista Política Operaria de Portugal ha estimado que la cuestión es una piedra de toque para definir un abordaje revolucionario de la lucha de clases a nivel internacional. Examinemos este tema.

Productividad y trabajo

La asociación entre productividad y trabajo que, en términos generales, parece algo evidente por sí mismo, es en verdad algo menos trivial de lo que sugieren las apariencias. La idea que todo gasto de energía humana con un propósito útil es, al mismo tiempo, trabajo y una actividad productiva, se presenta como algo prácticamente natural a primera vista; por lo pronto en oposición a la inactividad, o a la pasividad del tiempo libre. Con este criterio superficial se establecen por ejemplo las distinciones conceptuales de las estadísticas oficiales entre "población económicamente activa" (los que trabajan) e "inactiva" (los que no pueden o no quieren trabajar). Trabajo y trabajo productivo sería, entonces, una sola y misma cosa. Sin embargo, existen una serie de actividades que implican igualmente un gasto de energía humana y de desgaste físico, que tienen un propósito útil y que no son consideradas "trabajo". Es el caso de la práctica deportiva (por supuesto no profesional), y que no se clasificaría en ningún caso como actividad "productiva" (1).

Como todas las cosas, en realidad, el significado de trabajo y de lo que es productivo ha variado a lo largo de la historia y de los cambios propios de la evolución del hombre. No es un secreto que en la Antigüedad se consideraba como productivo precisamente el no trabajo, puesto que el trabajo mismo era considerado como una tarea propia del no humano, del hombre considerado en su pura animalidad. Los trabajadores eran esclavos. Los "hombres libres" no trabajaban. La rutina, el escasísimo desarrollo de la capacidad de transformar la naturaleza, el carácter conservador de la vida social contribuyeron durante un largo período, hasta la denominada época moderna y los albores de la sociedad capitalista, a que la idea de productividad se presentara indisolublemente unida a la de fecundidad. Se identificaba como un atributo propio de la naturaleza: la capacidad de la tierra de dar frutos, la de la vida animal de reproducirse.

Muy lentamente esta concepción de productividad se fue ligando a la condición propia del trabajo humano. El desarrollo de la agricultura, vinculado al progresivo desarrollo técnico de los medios de trabajo, fue entonces, por mucho tiempo, considerado como la esencia de toda fecundidad-productividad. Un concepto que comenzó progresivamente a "humanizarse", hasta adoptar una forma racional con los fisiócratas, la primera escuela de economía moderna que concibió la actividad laboral de los hombres como una suerte de metabolismo social. Sus análisis, entonces, constituyeron un progreso decisivo, en la medida en que precisaron que el trabajo aplicado a la tierra, el esfuerzo humano bajo ciertas condiciones naturales, era el fundamento de toda productividad social. "Quesnay (el más completo de los economistas de la escuela fisiocrática de la primera mitad del siglo XVIII) vio más lejos que los economistas que buscaron más tarde la fuente de la productividad en las máquinas, el ahorro, el capital, o sea, en todas partes menos en el esfuerzo humano, en la fuerza de trabajo del hombre" (2).

Con Fourier, Saint Simon y, más tarde con los economistas clásicos —Smith y Ricardo—, el concepto de trabajo productivo se extiende hasta alcanzar al conjunto de actividades del hombre, a partir de la materia prima natural, pero no limitadas apenas a la labor sobre la tierra. Los "productores" serán, entonces, los trabajadores y los empresarios, es decir, las clases propias de la sociedad burguesa en oposición a los estamentos ociosos del viejo régimen y a su función puramente improductiva, parasitaria. A partir de aquí, el concepto de trabajo productivo se desenvolverá en el sentido de una definición "material": es todo aquello que concluye en la elaboración de objetos de uso, tangibles, sensibles, físicamente ponderables como resultado de una transformación que se nutre de los medios de la naturaleza como fuente original.

Productividad y capital

No obstante, la sociedad capitalista no produce sólo riqueza, objetos o valores de uso. Los productos del trabajo revisten la forma de mercancías, es decir, de valores de cambio. Sólo si funciona como valor de cambio, un producto puede cumplir su función como valor de uso. Y sólo funciona como valor de cambio, bajo la producción capitalista, si, al mismo tiempo, rinde una ganancia para el empresario; es decir, si éste puede quedarse con una parte del valor (de cambio) producida por el trabajador y que no está incluida en el valor (de cambio) de la fuerza de trabajo, en su salario. Si un empresario no obtiene plusvalía, la producción se interrumpe. En el capitalismo, para el capital, es "productivo", sólo produce, el trabajo que da plusvalía. En consecuencia, la noción de trabajo productivo no "entraña simplemente una relación entre la actividad y el efecto útil de ésta, entre el obrero y el producto de su trabajo, sino que lleva además implícita una relación específica social e históricamente dada de producción, que convierte al obrero en instrumento directo de valorización del capital... dentro del capitalismo sólo es productivo el obrero que produce plusvalía... Si se nos permite un ejemplo ajeno a la órbita de la producción material, diremos que un maestro de escuela es obrero productivo, si, además de moldear la cabeza de los niños, moldea su propio trabajo para enriquecer al patrono. El hecho de que éste invierta su capital en una fábrica de salchichas no altera en lo más mínimo los términos del problema" (3).

El economista soviético Isaak Rubín, autor de un texto "clásico" sobre la teoría marxista del valor, consideró que la cita anterior de Marx, resumen del tratamiento del tema que el propio autor de El Capital ya había desarrollado en su trabajo previo sobre las ‘Teorías de la Plusvalía’, no deja ningún lugar a dudas: todo trabajo que el capitalista compra con el propósito de obtener una plusvalía es trabajo productivo, independientemente de que este trabajo se materialice o no en un objeto y de que sea o no objetivamente necesario o útil para el proceso de producción (por ejemplo el trabajo de un payaso empleado por un empresario de circo) (4). En relación a este punto existe una coincidencia más o menos generalizada, entre los autores marxistas, sobre la irrelevancia del problema de la "utilidad" o de la necesidad social de los valores de cambio para juzgar si son el resultado de un trabajo productivo o no, para el capital. Un ejemplo tradicional: la fabricación de armamento puede ser tan "productiva" como innecesaria e inútil para la "sociedad".

El acuerdo desaparece si se trata, en cambio, de analizar la "materialidad" de la mercancía, a la hora de determinar el carácter del trabajo del cual esta mercancía resulta. Mientras Rubín afirma que la producción de bienes inmateriales no cuestiona el carácter productivo del trabajo respectivo, en la medida en que produce plusvalía para un capitalista (es el caso del citado "payaso"), el recientemente fallecido Ernest Mandel se inscribe en el punto de vista opuesto, cuando sostiene que la definición de trabajo productivo "excluye los bienes no materiales de la esfera de producción del valor" (5). Se trata de un error que no tiene en cuenta que el significado de trabajo productivo para el capital excluye todo lo que tenga que ver con el contenido del trabajo, limitándose a examinar la forma social de su organización, es decir, su estructura capitalista: la cual está condicionada por una sociedad en la cual la propiedad de los medios de trabajo es el monopolio de una clase y la "libertad" de trabajar es la condición de existencia de la mayoría excluida de tal propiedad.

Industria, comercio y trabajo productivo

Mandel, como muchos otros, parece apoyar su tesis en algunas afirmaciones del Tomo II y del Tomo III de El Capital en la cuales se sostiene que los empleados y trabajadores del comercio y de los bancos, por ejemplo, no son trabajadores productivos; algo que de todas maneras parece contradictorio, a primera vista, con los planteos previos de Marx, como el que acabamos de citar más arriba y como los que pueden encontrarse a plenitud en pasajes de la aquí también mencionada Historia crítica de las teorías sobre la plusvalía. En realidad, como indica el propio Rubín, la contradicción es sólo aparente, porque hasta el Tomo II Marx sólo considera al capital directamente empleado en el proceso de producción inmediata y excluye, por lo tanto, al capital en el llamado proceso de circulación o de realización, de venta, de los productos ya terminados.

Pero es precisamente a partir del Tomo II, donde Marx amplía el horizonte de su análisis de la sociedad capitalista para considerar la "metamorfosis del capital" en su movimiento real. Esta abarca, para garantizar la reproducción del propio capital, todo un ciclo que se extiende en el tiempo a través de tres instancias diversas: a) el capital-dinero, mediante el cual el capitalista adquiere en el mercado los elementos de la producción y contrata a los obreros que necesita; b) el capital-productivo como tal, que se valoriza mediante el valor que acrecientan los trabajadores, por encima del valor de la fuerza de trabajo, por el cual son remunerados; y c) el capital-mercancía, que el capitalista debe transferir a los consumidores para recuperar el capital-dinero, la plusvalía correspondiente y reiniciar un nuevo período de la producción. Las fases a) y c) son propias del "proceso de circulación del capital"; b) es el "proceso de producción" donde el capital se valoriza mediante la apropiación del trabajo impago de los trabajadores. La "circulación" no agrega valor, es apenas el ámbito en el cual el valor, ya producido por el capital, cambia de "forma".

En este nuevo sentido, en esta nueva dimensión del análisis, el capital "productivo" se opone al capital en el proceso de "circulación" y el trabajo "en la producción" es un trabajo distinto al trabajo "en la circulación", aunque ambos, por mecanismos distintos (que veremos más adelante) sean la condición para la apropiación de los capitalistas respectivos de una parte de la plusvalía social. De todas maneras, la distinción sobre el carácter "productivo" del trabajo en esta etapa de la investigación de Marx, difiere de la distinción formulada en la etapa previa de su estudio, en la cual la propia cuestión no se planteaba. En términos de Rubín: el trabajo del vendedor no es productivo, no porque no produzca cambios en los bienes materiales, sino sólo porque es contratado por el capital en la fase de la circulación. El trabajo del payaso al servicio del empresario de circo es productivo aunque no provoque cambios en los bienes materiales y, desde el punto de vista de las exigencias de la economía social sea, menos útil que la labor del vendedor (6).

Tiempo de trabajo y "tiempo muerto"

El concepto de "circulación" en Marx no es un concepto "físico". No se refiere a la circulación de mercancías para su venta, que incluye todo lo que tiene que ver con el transporte, empaquetamiento, almacenamiento y distribución de las mismas y que habitualmente se asocia al "comercio" y que Marx consideraba como la función "real" de la circulación. "La función de circulación (propiamente dicha) del capital sólo consiste en transferir el derecho de propiedad de un producto de una persona a otra, es sólo una transformación del valor de una mercancía a una forma dinero o, inversamente, sólo una realización del valor producido" (7). Teniendo en cuenta esto, dentro de estos límites, es que Marx considera que los gastos de circulación no añaden ningún valor al producto, puesto que responden simplemente a un cambio en la forma de la mercancía. El trabajo que se gasta en estas operaciones es un trabajo, por lo tanto, que no agrega valor, del mismo modo que en una sociedad de productores mercantiles autónomos, éstos no podrían agregar al valor de la mercancía que producen —medido en tiempo de trabajo necesario de su producción—, el tiempo que corresponde al regateo, la negociación y el pacto final de un intercambio de sus productos mercantiles.

Dicho de otro modo, el trabajo "en la circulación" es un trabajo que, al no agregar valor, representa un gasto que el capitalista no puede hacer "rendir" porque no agrega valor, no produce plusvalía, es una suerte de "tiempo muerto" en los términos de la valorización de su propio capital. Aquí tenemos el caso de un trabajo "improductivo" aunque perfectamente necesario, en el contexto de la producción capitalista. Es interesante indicar aquí que esta suerte de "tiempo muerto", en la medida en que el capital se ve obligado a permanecer en una fase en que no se le agrega valor, es un problema que también se presenta en la propia etapa del capital productivo. Un caso claro es el de la producción de vino que, una vez acabada su elaboración, debe permanecer estacionado un largo período —durante el cual demanda relativamente poco trabajo— para quedar sujeto a procesos naturales. El valor, considerado como tiempo de trabajo socialmente necesario no es, en consecuencia, igual al tiempo que dura la fase de la producción, sino al tiempo de trabajo —tanto el objetivado como el vivo— empleado durante la fase productiva. Sólo el tiempo de trabajo vivo actuante crea y transfiere valor y por este motivo el tiempo de producción, como algo distinto del tiempo de trabajo efectivo, no tiene un papel formador de valor (8).

Productividad del trabajo "improductivo"

Es justamente debido a esta última razón que el capital tiende sistemáticamente a reducir al máximo los tiempos muertos —sin trabajo o sin trabajo creador de valor— del proceso de su reproducción, lo que indudablemente debe aplicarse a todas las fases de su metamorfosis, en la circulación y en la producción. Marx, luego de indicar que el tiempo que el capitalista gasta en la circulación, en la transformación de la mercancía en dinero, es tiempo "improductivo", aunque necesario para la reproducción capitalista, se formula el siguiente interrogante: ¿no interviene en la determinación del valor un momento que es independiente del trabajo, que no deriva directamente de él, sino que dimana de la circulación misma? (9). Respuesta: por cierto que sí, puesto que, en la medida en que se reduzcan los gastos implícitos en los tiempos muertos, desde el punto de vista de la valorización, mayor será la plusvalía de la cual puede apropiarse el capital.

A la luz de lo que acabamos de señalar es posible entender por qué el capital tiende a hacer más eficientes, más economizadores de tiempo, en definitiva, más "productivos", los procesos propios de la circulación. Lo que parece una "contradicción en términos" sólo puede resolverse en una apreciación rigurosa del conjunto del modo de reproducción del capital, para el cual el desarrollo técnico, el avance en el rendimiento del trabajo y, por lo tanto, el mejoramiento de la productividad son un medio para incrementar su beneficio, la cantidad de trabajo impago que forma su plusvalía. Este abordaje del problema de la "productividad" de las fases "improductivas" propias de la metamorfosis del capital, es una tercera dimensión del análisis del problema del trabajo productivo. No guarda relación con el concepto de trabajo productivo definido sólo en términos de su capacidad de valorizar un capital, con independencia del contenido mismo del trabajo —necesario o no, útil o no desde el punto de vista social—. Tampoco se reduce a las consideraciones propias de las tres fases de la reproducción. Aquí la productividad debe ser considerada a la escala de la relación más general del desarrollo de las fuerzas productivas, como una característica específica del modo de producción capitalista y de las fases históricas de este movimiento de la sociedad burguesa.

Es obvio, por ejemplo, que si un supermercado sustituye a una serie de pequeños almacenes no altera en nada el carácter "improductivo" de la circulación. Considerado el hecho en sí mismo, esto representa un avance en el trabajo productivo en el sentido del avance de las economías de escala, de la proletarización de la fuerza de trabajo, de la incorporación de técnicas modernas, incompatibles con la empresa media o individual, es decir, del desarrollo de las fuerzas productivas propias de la sociedad capitalista. Subrayamos aquello de "considerado en sí mismo" para no introducir, en este punto, otros elementos que tienen que ver con la eventual monopolización del sector, la apropiación de lucros extraordinarios debido a este motivo, la asociación con el capital financiero, la violentación de los mecanismos de la competencia mercantil mediante la vinculación con el aparato estatal, etc. Todo esto escapa a la naturaleza de nuestro análisis en este apartado.

Es precisamente por la función imprescindible que cumple la "circulación genuina", no creadora de valor, en el proceso general de reproducción del capital, que el capital es "compensado" con una participación en la plusvalía global por medio del mecanismo de la nivelación de la tasa de ganancia. Es por tal función también que el capital comercial aparece como un capital... productivo: "sólo es en virtud de su función de realización de los valores que el capital comercial funciona como capital en el proceso de reproducción, y por ello, en cuanto capital actuante extrae plusvalía de la generada por el capital global...así como el trabajo impago del obrero crea directamente plusvalía para el capital productivo, así el trabajo impago de los asalariados comerciales crea para el capital comercial una participación en dicha plusvalía... (por ello) el desembolso en costos de circulación es una inversión productiva para el capital comercial y, en consecuencia, para él también es directamente productivo el trabajo comercial que compra" (10).

Trabajo productivo y clase obrera

Notablemente, luego de citar el párrafo anterior, los compañeros de Política Operaria (11), insisten en considerar como proletarios sólo a los obreros industriales, reservando a los trabajadores de la fase de la "circulación" el mote de semiproletarios, algo así como proletarios inacabados. Nos parece, de todos modos, que derivar mecánicamente la condición de proletario de una de las tres dimensiones con las cuales enfocar el significado de "trabajo productivo" es a la vez estrecho y extremadamente mecánico: en el proletariado debe incluirse al conjunto de la clase social privada de los medios de producción, sin acceso directo a los medios de subsistencia e incapaz de subsistir sin recurrir de un modo sistemático a la venta de su fuerza de trabajo. Esto incluye, indudablemente, a trabajadores "productivos" e "improductivos", desde el punto de vista de su ubicación en el sistema capitalista, como productores directos o no de plusvalía para la clase propietaria. En este tópico, Mandel se muestra convincente cuando rastrea esta definición en Marx y Engels y en sus seguidores más ortodoxos: el Kautsky maduro (no el senil), Plejanov, Lenin, Trotsky, Rosa Luxemburgo (12). Excluye, en cambio, a aquellos "asalariados" que integran las cúpulas dirigentes o semidirigentes de las corporaciones capitalistas, o los elementos desclasados al servicio del control y la represión patronal; sólo para dar algún ejemplo.

La definición de proletario no puede limitarse al lugar que ocupa el asalariado en el mecanismo de la reproducción del capital. Es sólo la base, el fundamento a partir del cual se desarrolla el capitalismo como sistema, la lucha de clases y las etapas más generales de la evolución del modo de producción capitalista como un todo. Martins Rodrigues (13) estima que distinguir al proletariado de otras capas, más o menos explotadas, no proletarias, es la distinción fundamental que debe establecerse si se pretende formular una política revolucionaria para la clase obrera. Por eso insiste en calificar como proletarios sólo a los obreros industriales que ejercen un "trabajo productivo" en el sentido de la producción directa de plusvalía. Apela a Lenin que "habiendo captado el efecto deformado del imperialismo en la lucha de clases... percibió la creciente importancia asumida, en los países avanzados, por la diferenciación en el seno de los asalariados, entre el proletariado, el semiproletariado, la nueva pequeña burguesía, así como la aristocracia obrera, la burocracia sindical y partidaria y todo una serie de otros asalariados en actividades parasitarias...". Pero Lenin no partió para esto de una apreciación esquemática del "trabajo productivo", así como Rosa Luxemburgo no la tuvo en cuenta al calificar a la clase obrera inglesa como un "proletariado burgués" en la fase de mayor adaptación del movimiento obrero británico al imperialismo. Una definición acotada de "proletariado" limitada al obrero actuante en la industria, ¿podría incluir, para citar un caso, a los marineros del Aurora o del acorazado Potemkin?

Trabajo, fuerzas productivas y "destructivas"

En los planteos sobre el trabajo "productivo" —"infortunadamente tan llenos de discrepancias conceptuales como ninguna otra parte de la literatura crítica de Marx" (14)— no se ha salido de una polémica que abarca lo que aquí denominamos las dos primeras dimensiones del problema, relativas, por un lado, a la relación del trabajador con la posibilidad de que cualquier capital se valorice a costa de su trabajo impago y, por otro lado, a la relación entre el trabajo y las fases propias de la reproducción del capital. Poca importancia se le ha dado a una aproximación de conjunto, relativa a lo que podemos llamar la "historicidad" del trabajo productivo, o sea, su vínculo con la evolución del modo de producción capitalista y sus tendencias al agotamiento y la descomposición. Ya Marx subrayó que, como resultado de sus propias fuerzas vitales, el capitalismo está condenado a descomponerse y anunciar, de este modo, su propia desaparición. Es cuando el capital tiende a convertir el desarrollo de las "fuerzas productivas" en "fuerzas destructivas" y manifestar la lógica de la disolución de su orden económico, social y político.

Este es el punto fuerte del abordaje de Lenin del fenómeno del imperialismo, que surge "en un grado muy alto del desarrollo del capital, cuando algunas de sus principales características se convierten en lo contrario" y evidencian un "estadio de transición, el reclamo de un orden social superior" (15). En estas condiciones lo que importa es ver cómo el "trabajo productivo" también se convierte en "trabajo destructivo", en depredación del medio humano y del medio natural como expresión de la sobrevivencia del capital, más allá de haber cumplido ya su misión histórica. El monopolio, el capital financiero, la "reacción en toda la línea", la violencia estatal, las catástrofes económicas, las convulsiones sociales sin precedentes, la guerra y la revolución; todas estas expresiones de la decadencia de un sistema no pueden apreciarse a la escala de una visión puramente estática de las fórmulas del propio El Capital, lo cual vale también para la cuestión en debate.

Poco tiempo atrás, un órgano de prensa del capital financiero (The Economist) puso de relieve el altísimo grado de organización capitalista que marca hoy el desarrollo del negocio de la prostitución a nivel internacional, involucrando la producción de pornografía, el turismo sexual, las redes de explotación de menores a escala planetaria. Naturalmente, desde el punto de vista de la clasificación genérica de El Capital se trata del alargamiento de áreas de "trabajo productivo". Pero a nadie se le puede escapar que no es lo mismo que el imperialismo invada un país con medios de transporte y ferrocarriles que con el establecimiento de empresas de pornografía y prostitución. Otro caso: cuando un movimiento nacionalista expropia y estatiza una empresa extranjera, transformando un área productiva en un terreno de "trabajo improductivo", qué sentido tiene decir que, eventualmente, ha convertido proletarios en "semiproletarios". ¿No habló Trotsky, acaso, de luchar por la "administración obrera de la industria nacionalizada"?

Las categorías de "trabajo productivo" e "improductivo" son operativas para el análisis de la realidad si son adecuadamente contextualizadas. Sus implicancias respecto a una estimación de la contabilidad social (producción de valor y plusvalía efectiva), a la posibilidad de estimar la evolución de la explotación y la ganancia capitalista, a la tipología de las clases sociales y a la evolución de la sociedad capitalista como un todo, importa aristas de investigación y estudio que deben ser establecidas con cuidado para evitar la vaguedad y el error.

Notas

1. Ver para esto y para la primera parte de este trabajo: Naville, Pierre; De la alienation a la jouissance. Ed. Librairie Marcel Riviere, Paris, 1957.

2. Idem, pág. 459.

3. Marx, Karl, El Capital, Tomo I, Cap. XIV.

4. Rubín, Isaac Illich, Ensayos sobre la teoría marxista del valor, Cuadernos de Pasado y Presente, Córdoba, 1974.

5. Mandel, Ernest, El Capital, cien años de controversias en torno a la obra de Karl Marx, Edit. Siglo XXI, México, 1985, pág. 124.

6. Rubín, Isaac Illich, op.cit.

7. Idem.

8. Ver Rosdolsky, Roman, Génesis y Estructura del Capital de Marx, Edit. Siglo XXI, México, 1978.

9. En los Grundrisse, citado por Rosdolsky, op.cit.

10. Ver en El Capital, op.cit., Tomo III, Cap. 17.

11. Castro, Mariano, "Capital industrial y trabajo asalariado", en Política Operaria, Lisboa, Portugal, mayo-junio ‘98.

12. Mandel, Ernest, op.cit. pág. 128.

13. Martins Rodrigues, Francisco, "¿Somos todos proletarios?", en Política Operaria, Lisboa, Portugal, mayo-junio ‘98.

14. Rubín, op.cit.

15. Ver Lenin, N., El imperialismo, etapa superior del capitalismo, ediciones varias.

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