La estación Once de Macri, Scioli, Kirchner y los demás

| April 4, 2013 | Comentarios (0)

La responsabilidad política y social en las inundaciones

FOR_0241 INUNDACION.JPGEl desfile de reproches mutuos sobre las inundaciones -entre el kirchnerismo, Macri, Scioli y otros- sólo ha servido para desnudar la responsabilidad de todos ellos en el desastre. Las razones de la inundación en La Plata no son diferentes de las que hundieron a barrios enteros de la capital algunas horas antes. Por un lado, la especulación inmobiliaria desenfrenada, la cual ha copado el suelo urbano a expensas de los espacios verdes imprescindibles para el drenaje de las aguas. En la provincia, ese desarrollo se expresa en el auge de los barrios privados, que resuelven su propia urbanización a costa de provocar desequilibrios explosivos en el resto del municipio -entre ellos, en los desagües.

Por otra parte, esa misma especulación ha encarecido el suelo, lo que ha empujado a la población más explotada a las villas y asentamientos. Desde el año 2001, la población villera creció un 55% en el gran Buenos Aires. Para algunos, “a pesar del crecimiento económico” (Clarín, 26/12). No: lo que reflejan estos datos es el carácter capitalista de la recuperación económica piloteada por los K, que agravó todos los antagonismos sociales. En ese cuadro, La Plata y sus barrios no son una excepción: sin vivienda accesible en el casco urbano platense, la población trabajadora se dirigió a los terrenos ociosos de las zonas más baratas e inundables.

Esta orientación social iguala a los Macri, Kirchner y Scioli. Pero ¿qué decir del centroizquierdista Binner y el FAP? En Rosario y las grandes ciudades de Santa Fe, las construcciones de lujo también han arrojado a los trabajadores a la periferia. La obra pública es funcional a la especulación con el suelo, mientras los municipios y comunas padecen la mayor indefensión. En 2012, las gigantescas inundaciones en el cordón de San Lorenzo sólo tuvieron como respuesta la autoorganización popular, con el apoyo activo de la banca del Partido Obrero en Capitán Bermúdez.

En definitiva, las inundaciones han puesto en la picota a todo un régimen político y social.

El agua y el ajuste
Este desastre mostró hasta qué punto los Estados nacionales, provinciales y municipales actúan para agravar la anarquía en el uso del suelo y la polarización social. Se ha dicho hasta el cansancio que el presupuesto macrista está subejecutado. Pero la parte que se ejecuta apunta a acentuar el apetito del capital financiero, como el traslado de la Jefatura de Gobierno a Barracas (para “poner en valor” al sur), la peatonalización del centro y, en compensación, el trazado de nuevas y contaminantes autopistas. La urbanización de villas está fuera de la agenda oficial, como lo estuvo con Ibarra y otros. Lo mismo ocurre con el necesario desarrollo de espacios verdes públicos. En la provincia, el brutal ajuste en curso suspendió la ejecución de todas las obras de infraestructura. Los recursos que De Vido entrega directamente a los intendentes podrán servir para conspirar contra Scioli, pero no resuelven ninguno de los problemas cruciales de los barrios. El Sitraic (Sindicato de Trabajadores de la Industria de la Construcción) ha caracterizado a esas obras -con fondos nacionales- como “cosméticas”, ya que no apuntan en ningún caso a vivienda, el control de las inundaciones o cloacas. La ciudad de La Plata es un retrato de esta orientación social: mientras los barrios están sin obras, avanzan los planes para expandir el puerto sobre espacios verdes. Al mismo tiempo, las industrias del conurbano continúan echando sus residuos a los desagües y arroyos, sin el menor control. Otro ‘elefante’ del ‘modelo’, la autoridad de la cuenca Matanza Riachuelo, mostró su completo fracaso en esta crisis.

Lápida para el ‘modelo’
La tragedia de las inundaciones ha colocado otra lápida sobre el ‘modelo’ oficial, a igual título y gravedad de lo que ocurrió hace un año atrás, en la estación de Once. Los defensores del gobierno sostienen que la ausencia de inversión pública es la consecuencia de haber “privilegiado al consumo popular”. Se trata de una impostura, si se tiene en cuenta que los salarios de la década ‘ganada’ nunca superaron -ni siquiera en su mejor momento- a los de los malditos años ’90. Lo cierto es que el ahorro nacional fue dilapidado en sostener a los parásitos de las concesiones privadas de servicios públicos; en financiar la fuga de capitales, la cual sacó del país 80.000 millones de dólares en cinco años y, sobre todo, en el pago de la deuda externa, que consumió el presupuesto público y, cuando éste no fue suficiente, las arcas del Banco Central y de la Anses. En las mismas horas en que la población del área metropolitana se debatía entre la indefensión y la muerte, la administración económica ‘nacional y popular’ prometía cargar sobre el país otros 12.000 millones de dólares de deuda externa, en favor de los fondos buitres. En cambio, la elemental canasta de medios de consumo que muchas familias lograron conformar a lo largo de los años -una heladera, un lavarropas, un televisor- fue devoradaen minutos -no por las aguas, sino por una orientación social. De un plumazo, el ‘modelo’devolvió a miles de trabajadores a la bancarrota de 2001 y 2002.

Programa
La orientación expoliadora de quienes nos gobiernan se deja ver incluso en las ‘salidas’ que les proponen a los inundados: Macri ofreció créditos blandos sólo a quienes estén “al día” con el abusivo ABL que se paga en la Ciudad. La tragedia es el pretexto de un nuevo saqueo impositivo. La misma oferta formuló Scioli, horas después, en la provincia.

En estas horas, la militancia del Partido Obrero de las zonas afectadas está trabajando codo a codo con los vecinos inundados, participando material y físicamente en todas las iniciativas de organización para hacerle frente al desastre; organizando y orientando a los afectados para dirigirnos al poder político con todas las reivindicaciones urgentes y con un programa.

Planteamos: asistencia inmediata de todos los estamentos del Estado a los barrios inundados, bajo la intervención y el control de los propios afectados. Indemnización inmediata por los daños causados, con sólo comprobar el domicilio. Ningún descuento salarial a los trabajadores afectados. El estado de emergencia -si realmente es tal- debe partir de la suspensión inmediata de los pagos de la deuda usuraria y de la aplicación de sus recursos a un plan de viviendas y obra pública, en el marco de una reorganización urbana integral, la cual debe contemplar la nacionalización del suelo.

Cristina Kirchner, los Macri y Scioli se dedican a echarle culpas a un fenómeno climático, “único” y “excepcional”. Algunos de sus defensores se acuerdan del cambio climático, como si de ese modo pudieran despojar al desastre de su contenido social y político. No pueden, porque hasta el cambio climático es una consecuencia de la irracionalidad capitalista y del manejo de los recursos naturales en función del beneficio privado.

En las horas del temporal, Cristina Kirchner contraponía, por cadena nacional, a su gobierno con la Inglaterra y la Europa de “los ajustes despiadados”. Pero la bancarrota capitalista se estaba expresando con toda su fuerza en el país, bajo la forma de una catástrofe y como consecuencia de la misma orientación de los denostados gobiernos europeos.

Toda la fuerza y la solidaridad con los inundados y su lucha. Reforcemos la lucha por oponerle a los gobiernos y partidos del desastre una alternativa obrera, de izquierda y socialista.

Secciones: Editorial, Politicas

Sobre Marcelo Ramal: Nació en 1954. Inició su militancia en la juventud de Política Obrera –antecesor del PO- a los 18 años, al ingresar a la Facultad de Ciencias Económicas, en 1973. Unos años después, integraba la comisión directiva del Centro de Estudiantes de Ciencias Económicas, que funcionó en la clandestinidad bajo la dictadura militar. Cuando dejó la facultad, colaboró con la célula de familiares de detenidos y desaparecidos de PO. Fue redactor y difusor del boletín “Libertades Democráticas”; que se repartía entre todo el movimiento democrático de los años de la dictadura. A partir de 1983, trabajó en el desarrollo del Partido Obrero en todo el país. Entre el 2000 y 2003, cuando Altamira fue electo legislador porteño, fue secretario Parlamentario del bloque del PO. Desde ese lugar, trabajó en la redacción y difusión de diversos proyectos de ley de nuestra banca –entre ellos, la jornada de seis horas en el subte, de salario mínimo igual a la canasta familiar y de urbanización de villas de la Ciudad. Como asesor de la bancada, participó activamente de las luchas por la vivienda y la ocupación de fábricas en esos años. En febrero de 2003, defendiendo a los vecinos de Padelai, fue detenido en el curso del brutal desalojo pergueñado por los gobiernos de Ibarra y Duhalde. En 2004, participó junto a todo el PO de Capital en la lucha de los familiares de Cromañón. En 2003 y 2007, fue candidato a Jefe de Gobierno de la Ciudad por el PO. En 2011, encabezó la lista de legisladores porteños por el Frente de Izquierda. Escribe regularmente en “Prensa Obrera”, y también columnas de opinión sobre la situación política, economía y las cuestiones de la Ciudad en “Pägina 12”, “BAE”, “Tiempo Argentino”, entre otros. Es economista y profesor ordinario de las Universidades nacionales de Buenos Aires y Quilmes, donde también desarrolla una actividad gremial.. Desde 2006, representa a los docentes de la UNQ en la CONADU Histórica, como Congresal de la minoría (lista Naranja). Ver perfil del autor.

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